Palabra Diaria | El gozo de perdonar

Por: Rvda. Anabelle Rivera*

El gozo de perdonar y su acción liberadora para el que lo da es algo sumamente necesario. Les comparto que para el verano del 2005 lo pude experimentar y hoy abro mi corazón y lo comparto con ustedes. Me encontraba en un momento de mi vida donde ya estaba lista física, emocional y espiritualmente para aceptar la voluntad de Dios de predicar las buenas nuevas, solo me faltaba algo; dialogar, pedir perdón y perdonar.

La relación de mi papá con esta servidora fue muy lacerada por el alcoholismo y el maltrato físico, verbal y psicológico. Lo resistí por muchos años y tomaba forma de super héroe para proteger a mi hermano menor. No pude disfrutarme mi niñez y mi adolescencia, fueron etapas que tuve que saltarlas y entrar en la adultez para protegerme y proteger a mi hermano. A los quince años tuve el mejor regalo para una quinceañera; un encuentro con lo divino que me recogió del piso, estaba hecha pedazos y Dios me hizo nueva. Mientras me iba adentrando en el maravilloso mundo de las escrituras me tope con el siguiente versículo:

Por eso, si llevas al altar del templo una ofrenda para Dios, y allí te acuerdas de que alguien está enojado contigo, deja la ofrenda delante del altar, ve de inmediato a reconciliarte con esa persona, y después de eso regresa a presentar tu ofrenda a Dios.

Mateo 5:23-24 Traducción lenguaje actual

¿Cómo lograría yo cumplir con esto? Decía yo “Señor tu conoces a mi papá sabes que es un hombre duro, poco comunicador, no hay manera de hablar con él.” Me tomo 20 años armarme de valor y en el verano del 2005 fui a dialogar con mi padre antes de salir a cumplir con mi llamado. Aquella tarde lloramos, nos sinceramos, por primera vez en 35 años escuche a mi papá decirme que me amaba, por primera vez me abrazo, por primera vez me tomo en su falda y me secó mis lágrimas. Nos perdonamos mutuamente y comenzamos una relación de papá hija y por diez años tratamos de compensar los 35 años que pasamos distanciados.

El efecto que ese momento tuvo en mi relación conmigo misma, mi esposo, mis hijas, el resto de mi familia y el resto de la gente fue sorprendente. Liberarme del dolor, del miedo, del rencor, provocó una sensación de alivio, paz, amor incondicional, compasión para con todas las personas con las que me encuentro en el caminar de la vida. El aceptar mi llamado y predicar las buenas nuevas del amor de Dios se hizo más fácil pues no tenia nada que me ataba a un pasado doloroso; ahora podía mirar al futuro con esperanza, paz y compasión.

Hacen ya 6 años mi padre partió a morar en la eternidad y allí estuve a su lado hasta su ultimo suspiro. Se fue tranquilo y yo me quedé tranquila y en paz; pues él partió sabiendo que le amaba y yo supe que él siempre me amo.

No pierdas la oportunidad de pedir perdón y perdonar. No existen palabras para describir la paz que embarga todo lo que somos a partir de esta acción, por eso suelo decir que experimento una “paz ridícula que sobrepasa todo entendimiento.”

Oración:
Amado Dios que desde tu amor, perdón y misericordia pueda yo moverme a la acción de compartirlo y practicarlo con el otro y la otra. Que tu amor me impulse a seguir amando, perdonando, bendiciendo y creciendo en misericordia para con tus pequeños y pequeñas. Amén

*Agradecemos a los que contribuyen con reflexiones para hacer posible esta Palabra Diaria

¡Gracias por su vista!

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