PALABRA DIARIA | DIOS TE VE Y TE CONOCE

Cuando niña nos decían que Dios nos estaba mirando. Pero no era por la alegría de que Dios estuviera pendiente y de que nosotros estemos en la mente y el cuidado de Dios. Era mas bien como una manera de asegurarse de que nos portáramos bien porque Dios nos estaba mirando para castigarnos. Pero saber que alguien importante para nosotros nos ve y nos distingue entre la gente, nos hace sentir bien, nos hace sentir especiales.

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Natanael le preguntó:
—¿Cómo es que me conoces?
Jesús le respondió:
—Te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera.

Juan 1:48

No les puedo negar que hay una sensación gratificante en escuchar que en lugares inesperados, de pronto, alguien pronuncie tu nombre y te distinga entre la multitud. A fines de febrero de 2020, cuando la Pandemia del COVID empezaba a arreciar en Europa, en medio de la incertidumbre, decidí proseguir con un viaje que tenía planificado. Emprendí un viaje sola como una peregrinación espiritual.

Recuerdo que al entrar al avión sentía la mirada persistente de unas personas, y de pronto escuché una voz que me llamaba. Esto nos puede pasar a menudo, y pudiera ser que para usted no signifique nada. Pero ese día, para mi hubo algo de especial en ese saludo, en ese llamado. Recuerdo que compartí mi reflexión en Facebook.

“Salgo de viaje con sentimientos mezclados, con incertidumbre y también ilusión. Pero cuando la ansiedad empezó a tocar mi puerta pude distinguir la mirada incisiva de un joven y su familia. Me dio la “perse” de que estaban hablando de mí. Así que decidí decirle: “me parece que te conozco”. La respuesta: “Sí Capellana, de la Inter”. Luego me siento y de pronto escucho con insistencia una voz diferente, esta vez de mujer: “Capellana, Capellana”.

Siento que Dios me cuida y su presencia disipa mis dudas y me hace sentir segura de que el está presente y esta será una experiencia revitalizadora.

Feb 2020

Mirando atrás, podría decir que me pasó un poco como a Natanael. ¿Cómo es que me conoces? En ese momento sentí que el ojo de Dios iba conmigo, que su mirada me seguía a todas partes. Pero ahora, adulta, con una experiencia personal con Jesús, si de una cosa estoy clara, es que los ojos de Dios que me miran, no lo hacen para castigarme, sino para acompañarme, guiarme y cuidarme.

De una cosa estoy segura, que a Dios le encanta llamarnos por nuestro nombre, demostrarte que eres especial para el y que el tiene cuidado de ti. De la misma manera que llamó a Natanael, hoy te llama para que le sigas; y de la misma manera que me llamó a mi, hoy te llama para que sepas que el te acompaña, te guía y te protege.

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