PALABRA DIARIA | TEN COMPASIÓN DE MI

Por: Rvdo. P. Bryan Vélez

Así exclamo la mujer cananea cuando se encontró con Jesús. ¡Señor, Hijo de David, ¡ten compasión de mí! Aquella mujer clama ante la necesidad por la sanación de su hija que estaba atormentada por demonios según nos narra el Evangelio.

Por medio de la compasión, la mujer pretendía que Jesús, se conmoviera y realizara un acto a su favor. Hoy en medio de toda la necesidad que abate a nuestro pueblo, la pandemia, la pobreza, el hambre, la injusticia y la violencia entre otros, escucho una vez mas, pero con mas fuerza, a la mujer cananea pidiendo por compasión. Pero esta vez no a Jesús, si no cada uno y una de nosotros que decimos ser cristianos, decimos ser las manos, los pies y el rostro de Cristo.  El salmista nos recuerda en el salmo 130 que “El Señor es tierno y compasivo; es paciente y todo amor”.

“¡Señor, Hijo de David, ¡ten compasión de mí!” Mt. 15:22

Para escuchar la reflexión presiona el enlace de YOUTUBE:

Hoy Jesús en medio de tanta necesidad te pide que tengas compasión con tus hermanos(as). Hoy mas que nunca hace falta que recordemos lo compasivo que fue nuestro Señor y lo pongamos en practica. Hoy cuando nos arropa el individualismo y podemos como excusa el “distanciamiento social” por el Covid-19, debemos recordar que Cristo mostró compasión, con los leprosos, los judíos, los no judíos y que nada de las normas sociales y religiosa le impidió mostrar su amor, misericordia y gracia aquellos y aquellas que lo rodeaban y necesitaba.

Nosotros (as) debemos mirar aquella mujer cananea como símbolo de perseverancia, sabiduría y fe inquebrantable que fue capaz de conmover a nuestro Señor para concederle lo que tanto anhelaba, la sanación de su Hija. Debemos compartir con nuestro prójimo la imagen de la mujer cananea para cuando se sienta tristes, solo y perdidos puedan recordar, que aquellos(as) que piden con entera confianza, Dios en su eterno amor los escucha y le muestra su gracia.

Este día te invito a: tomar un alto, orar, actuar con amor y entera compasión aquellos (as) que como la mujer cananea claman un corazón destruido por compasión, misericordia y fe para que nosotros(as) les mostremos al Dios encarnado. Te invito a esta pausa te pregunte a ti mismo(a) ¿Estoy amando y teniendo compasión con nuestro prójimo?

Que Dios quien nos ama, nos libera y nos edifica bendiga nuestras vidas hoy, mañana y siempre. Amen

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