PALABRA DIARIA | ¿QUIÉN SE SALVA?

El mensaje de hoy no es fácil porque va dirigido a la iglesia, y la iglesia no quiere que se le corrija; la iglesia corrige, la iglesia condena, la iglesia asume representar el poder de Dios para decidir lo que es bueno, lo que es malo, quien se salva y quien no.

¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho entre ustedes, ya hace tiempo que se habrían vuelto a Dios, cubiertos de ropas ásperas y ceniza. 22 Pero les digo que en el día del juicio el castigo para ustedes será peor que para la gente de Tiro y Sidón.  (Mt 11:21-22)

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Lo que Jesús hace es distinguir entre Samaritanos y Judíos. Los unos creían que los otros tenían demonios y que desobedecían a Dios con su adoración. Sin embargo, Jesús encuentra más fe fuera de los grupos Judíos que en ellos.

Jesús, quien conoce los corazones, sabe que en la actitud interior de los Samaritanos había una mejor disposición para tornarse a el, que entre los suyos. Esto puede generar en nosotros una gran pregunta, Si se tratara de hoy, ¿dónde hay mejor actitud para la transformación, para el arrepentimiento, para el cambio, para la metanoia; ¿dentro de aquellos que nos llamamos pueblo de Dios, o fuera?

El primer problema que debemos plantearnos es que si pensamos que la conversión es un evento de una sola vez, corremos el riesgo de quedarnos estáticos en un mismo lugar, cuando por el contrario los evangelios nos demuestran, que aun los que caminaron con Jesús y fueron sus discípulos, tuvieron que pasar por largos procesos de transformación paulatina. Aun después de Jesús morir.

El segundo problema es la superioridad espiritual, cuando el mismo Jesús le dice a la mujer Samaritana: “no te preocupes en donde se va a adorar, ni aquí ni allá, porque el Padre lo que busca es quienes le adoren en Espíritu y Verdad.” (Parafraseo de Jn 4) Lo que al Padre le importa no es lugar, si en un templo judío o samaritano, si católicos, protestantes o evangélicos. Lo que a Dios le importa son los corazones que le buscan. Y eso incluye a todo aquel o aquella que irrespectivamente de quien es y cómo actúa, vaya tornando su vida hacia el en arrepentimiento y reconozca sus obras.

Creo que el día que nos encontremos cara a cara con nuestros Señor recibiremos grandes sorpresas, porque como el mismo dijo: “No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” Mt 7:21

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