4ta Semana de Adviento: Camino de Amor y Gozo

Esperamos la navidad porque la temporada navideña es como un gran paréntesis en el año. Es un tiempo donde todo parecería detenerse, hasta los problemas, uno trata de ponerlos a dormir, de acallarlos. 

Aun los que están pasando por tiempos difíciles en su vida, con respecto a la salud, las finanzas, situaciones de pérdida o situaciones laborales, hacen un esfuerzo por dejarse contagiar por la alegría de los demás. Y lo interesante es que todos a nuestro alrededor tratan de ayudarnos a elevar el espíritu, a mejorar el ánimo.Hay una mística, un misterio maravilloso alrededor de esta temporada que abre ese paréntesis, que crea un espacio para contagiarnos de la ilusión y la esperanza que le enseñamos y le proyectamos a nuestros niños. 

La navidad se caracteriza por la algarabía, la fiesta, la alegría, las luces y el amor. Y todo eso junto, fundamentado en la historia bíblica del nacimiento de Jesús se convierte en combustible, se convierte en aliciente, en una provisión de optimismo para que al terminar la navidad podamos sentirnos llenos de fuerza y esperanza para retomar el nuevo año.  

Puerto Rico y los que vivimos en países tropicales somos sandungueros, la navidad la relacionamos con fiesta y alegría. Sin embargo en los países donde hace mucho frío la noche de navidad se caracteriza por cánticos como “santa la noche” o “noche de paz”; acercamientos mas melancólicos, pero llenos de profundo significado. La característica en común es que siempre hay un significado muy esperanzador y de gozo. 

No importa cuál sea nuestra tradición, más festiva o mas reflexiva, lo que es más importante es poder encontrar en este tiempo esa pausa de parte de Dios, importante y vital para recargar nuestras baterías, emocionales, físicas y espirituales. Es esa pausa vital para detenernos a identificar la presencia de Dios en medio nuestro desde lo cotidiano, desde lo más humano, desde la vida misma, en la persona de un niño pobre.

Por eso una de las cosas mas bonitas de este tiempo, es el énfasis en estar en familia, el estar cerca de las personas significativas para nosotros, ya sea físicamente o a través de otros medios, una llamada, una video conferencia, enviarles un regalo, una tarjeta. Uno de los distintivos más importantes de la navidad es el énfasis en demostrarnos el amor los unos a los otros y lograr encontrar motivos de gozo aun en medio de las crisis del diario vivir. 

Navidad representa el amor en virtud de que representa esa decisión sacrificial de Dios, de abandonar su plenitud y la gloria de su deidad para “darse”, abajarse, para entregarse a los seres humanos reduciéndose a convertirse en un niño pobre, carente de todo.

Por eso para nosotros los cristianos el amor no es un estado, no es solo un sentimiento; para nosotros el amor es una persona. La presencia de esa persona en nuestra vida nos trae gozo. Esa persona se llama Jesús. Y Jesús no es una persona cualquiera, es Dios con nosotros: Emanuel.

“A los seis meses, Dios mandó al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret, donde vivía una joven llamada María; era virgen, pero estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David. El ángel entró en el lugar donde ella estaba, y le dijo: —¡Salve, llena de gracia! El Señor está contigo. María se sorprendió de estas palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo.”
‭‭30 El ángel le dijo:
—María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. 31 Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. 32 Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo, y Dios el Señor lo hará Rey, como a su antepasado David, 33 para que reine por siempre sobre el pueblo de Jacob. Su reinado no tendrá fin.
34 María preguntó al ángel:
—¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre?
35 El ángel le contestó:
—El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Dios altísimo se posará sobre ti. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios.
(Lucas 1:26-35)

Nos cuenta el relato bíblico en Lucas 1 que esa joven llamada María, al recibir la visita del mensajero, se sorprendió de sus palabras.

Hoy te digo: Déjate sorprender por la palabra de Dios.

Y la palabra de Dios a María fue: —María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. 

Cuando una persona trae una palabra de Dios que es verdadera, aunque el mensaje venga con un contenido difícil, el mensaje debe inspirar confianza y no temor. 

No tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. 

Cuando Dios habla a nuestra vida, lo primero que desea que sepamos es que gozamos de su favor. Lo que el mensajero tenía que decirle a María era una mezcla de dulce y amargo, y lo único que podía hacer que María asumiera humildemente su parte en el plan de Dios, era saber que Dios estaba con ella, que ella era bendita y favorecida por Dios. 

Cuántas veces en la vida, no nos toca asumir responsabilidades, compromisos, proyectos, tomar decisiones que nos hacen temblar las rodillas. Puede ser una decisión como la que algunos de ustedes han confrontado en estos meses, el retiro, o el cambio de responsabilidades en el empleo. Y la palabra de hoy para tí a través de la conversación del ángel a María es:

No tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. 

35El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Dios altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios.

Ese niño llegaba con un anuncio gozoso para el mundo aunque con una espada para el corazón de María. Pero en María predominó la confianza en el Dios que le dijo, tu cuentas con mi favor.

La vida misma, viene con gozo en una mano y con llanto en la otra. Lo que hace diferente la vida del cristiano y la cristiana, de la vida de los que no creen, es saber que entre este gozo y estas lágrimas, Dios está. Es saber que el Espíritu Santo está con nosotros y que su poder nos cubre, que nos da sombra, que nos protege de las inclemencias de la vida.

No piense que esa experiencia de cobertura y poder de Dios a través del Espíritu Santo era solo para María. Esa experiencia de cercanía del Espíritu para engendrar en nosotros vida y frutos de bien, empezó en María para extenderse a todos y cada uno de nosotros.

Esa presencia del Espíritu de Dios sobre María es metáfora de una relación de intimidad entre Dios y los seres humanos, es presencia que se funde con el ser humano en un acto de amor para hacer nacer esperanza y salvación para una humanidad que siempre ha estado en crisis; es presencia que echa fuera temores, es presencia que nos hace capaces de poder hacer cualquier cosa en nombre de Dios  y por el poder de Dios; es presencia que engendra y da vida.

Hoy deseamos despertar al amor y al gozo. Deseamos abrir los ojos a la presencia de Dios, a esa manifestación del Espíritu Divino que echa fuera temores, que disipa las tinieblas a nuestro alrededor para dar paso a una nueva vida en nosotros.

“No temas”, no temas ante la incertidumbre del futuro, no temas ante las decisiones que tienes por delante, no temas ante las enfermedades, ante la ansiedad, la tristeza, la depresión, los problemas económicos, los problemas de la familia, de país y del mundo. El mensaje del ángel sigue teniendo vigencia hoy: “no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios.”

Despertar al gozo no es un acto irresponsable en medio de las dificultades del presente. Despertar al gozo en el creyente es despertar a la fuerza del Espíritu de Dios que está sobre tí.

“no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios.”

¡Gracias por su vista!

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