Recordar el corazón de mis padres me ayuda a comprender mejor el corazón de Dios. Cuando era niña mi madre hacía lo imposible porque comiéramos. El esfuerzo del trabajo de mis padres iba encaminado primeramente a que mis hermanos y yo tuviéramos cubiertas cuatronecesidades fundamentales: comida, casa, ropa y educación.
Siempre nos insistían que no se trataba de que tuviéramos riquezas, solo lo necesario. Pero de todas estas necesidades, la primordial era la comida. Siempre había comida para quien llegara. Los de la casa comíamos últimos para asegurarnos que habría suficiente para el que se allegaba.
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Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas. Al ver esto, los fariseos le dijeron: "Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado". Pero él les respondió: "¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes? ¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta? Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo. Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado". (Mateo 12:1-8)
En el contexto de las culturas del desierto la hospitalidad era primordial. Era un asunto de vida o muerte proveer agua, comida y refugio. Por eso, parece insólito que la letra de la ley haya superado su espíritu. La ley no se trataba de negar alimento en sábado para honrar a Dios con el descanso. Por el contrario, se trataba de honrar a Dios protegiendo la vida del otro y la otra. La letra de la ley es la obediencia sin corazón. El corazón de la ley es la obediencia de esta interpretada desde la misericordia (el amor que brota de las entrañas maternas de Dios).
Este relato está relacionado a varios textos que son necesarios para su mejor comprensión. El relato que leímos ayer de Mateo 11:28-30, Mateo 25:31-46, Mateo 7:9-11 y Oseas 6:6, al que Jesús hace referencia. Un padre o una madre jamás darán una piedra a un hijo que le pide pan. Las cargas que nos impone Jesús son ligeras y fáciles de llevar. Las cargas de los religiosos son pesadas porque no consideran el bienestar de los seres humanos como el propósito primordial de la ley. En la persona del hambriento, sediento, cansado y cargado nos encontramos con Jesús. Finalmente, misericordia quiero y no sacrificio. Ese es el corazón de la ley, porque ese es el corazón de Dios.
Jesús demostró que vino a hacer la voluntad de su Padre, enseñándonos que la misericordia, justicia, dignidad, y el bienestar humano son los valores que fundamentan el Reino de Dios. Por lo tanto, son lo que a Dios agrada y lo que demanda de nosotros (Miq 6:8). Tu vives, yo vivo y viviremos con Cristo eternamente porque Jesús nos mostró el verdadero corazón de la ley, honrar a Dios amando al prójimo. En palabras de Ireneo en el segundo siglo “la gloria de Dios es que el hombre [Sic] viva”.
Preguntas para cultivar la Palabra:
¿Qué cargas todavía imponemos a la gente a través de nuestra religión que son imposibles de llevar?
¿Qué puedo hacer para mostrar la misericordia de Dios a los que se sienten cargados y hambrientos?
¿Cómo honro a Dios al celebrar el Sabbat?
Oremos: Señor, perdona las veces que hemos impuesto a otras cargas imposibles de llevar. Permite que vivamos la fe de manera que te honremos proveyendo espacios de descanso y Sabbat para aquellos que se acercan a nosotros.
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Contribución a Momento Sagrado, Universidad del Sagrado Corazón. 21 de julio de 2023.

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