Tu vives, yo vivo y viviremos con Cristo eternamente porque Jesús nos mostró el verdadero corazón de la ley, honrar a Dios amando al prójimo. En palabras de Ireneo en el segundo siglo “la gloria de Dios es que el hombre [Sic] viva”.
Tu vives, yo vivo y viviremos con Cristo eternamente porque Jesús nos mostró el verdadero corazón de la ley, honrar a Dios amando al prójimo. En palabras de Ireneo en el segundo siglo “la gloria de Dios es que el hombre [Sic] viva”.